El otro día pensaba... ¿Como empezó todo? ¿Cúal fue el camino que me trajo hasta acá? Fue en la clase de Derecho Administrativo, en un aula horrenda del subsuelo, chiquita, llena de ese tufo otoñal... un desastre... debería haber previsto que nada que empezara ahí podía terminar bien. Leandro estaba en mi grupo de trabajos prácticos y no significaba nada para mi, solo otro de esos circunstanciales compañeros de la facultad que no ves nunca más terminado el cuatrimestre. Su cara no me decía nada, sus respuestas no eran más inteligentes que las de los demás, ni tampoco parecía el tipo de pibe abierto a una amistad; dejaba un aura de superficialidad por donde fuera que iba. Ojo, no digo que me cayera mal, solo estoy aclarando que no tenía importancia para mi. Yo estaba hasta las manos con mi último fracaso; nadie se le parecía, nadie le llegaba a los talones a Mi Nico... no sé por qué esa situación me suena tannnn familiar.
En sintesis, nunca me hubiera fijado en él... pero tuvo que abrir la boca... y fue mi perdición.